El cuello de camisa

Érase una vez un caballero muy elegante, que por todo equipaje poseía un calzador y un peine; pero tenía un cuello de camisa que era el más notable del mundo entero; y la historia de este cuello es la que vamos a relatar. El cuello tenía ya la edad suficiente para pensar en casarse, y he aquí que en el cesto de la ropa coincidió con una liga. Dijo el cuello: Jamás vi a nadie tan esbelto, distinguido y lindo. ¿Me permite que le pregunte su nombre? ¡No se lo diré! respondió la liga. ¿Dónde vive, pues? insistió el cuello. Pero la liga era muy tímida, y pensó que la pregunta era algo extraña y que no debía contestarla. ¿Es usted un cinturón, verdad? dijo el cuello, ¿una especie de cinturón interior? Bien veo, mi simpática señorita, que es una prenda tanto de utilidad como de adorno. ¡Haga el favor de no dirigirme la palabra! dijo la liga. No creo que le haya dado pie para hacerlo. Sí, me lo ha dado. Cuando se es tan bonita, replicó el cuello, no hace falta más motivo. ¡No se acerque tanto! exclamó la liga. ¡Parece usted tan varonil! Soy también un caballero fino, dijo el cuello, tengo un calzador y un peine. Lo cual no era verdad, pues quien los tenía
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